Ordoñez
La simple arrogancia de llevar un reloj atado a la mano derecha le resultaba a Ordóñez complot suficiente contra el standard haragán del barrio. Conocido por sus esporádicas apariciones en los círculos alternativos de la ciudad, un séquito de admiradores se le prendía a la mesa en cuanto se acercaba con una cara de amaestrador compulsivo y su paso de reticente eterno.“El universo es, y quien quiera que se lo plantee, una infinita sucesión de acontecimientos de los cuales cada uno conforma nuestro pasado confirmado y nuestro incierto futuro. Simplemente hay que pensar en el semáforo descompuesto de Lambaré, el cual retrasa al conductor los segundos necesarios para que éste no falte a su cita obligada con el ciclista al que inexorablemente habrá de atropellar en Trinidad”. Clap clap maestro te seguimos y abajo el capitalismo y viva el Che! y traeme una ñoño un brindis y a seguir la sarta de sandeces la noche toda hasta que el sol (que no necesita de semáforos ni de ciclistas) reaparece como con un yaeslahora de que se retiren a continuar con sus respectivas rutinas. (más…)
