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	<title>.: imaginera :.</title>
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	<pubDate>Mon, 02 Mar 2009 19:00:33 +0000</pubDate>
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		<title>Ordoñez</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Apr 2005 13:07:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Porcomaster</dc:creator>
		
	<category>Literatura</category>
	<category>Cuentos</category>
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		<description><![CDATA[La simple arrogancia de llevar un reloj atado a la mano derecha le resultaba a Ordóñez complot suficiente contra el standard haragán del barrio. Conocido por sus esporádicas apariciones en los círculos alternativos de la ciudad, un séquito de admiradores se le prendía a la mesa en cuanto se acercaba con una cara de amaestrador [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La simple arrogancia de llevar un reloj atado a la mano derecha le resultaba a Ordóñez complot suficiente contra el standard haragán del barrio. Conocido por sus esporádicas apariciones en los círculos alternativos de la ciudad, un séquito de admiradores se le prendía a la mesa en cuanto se acercaba con una cara de amaestrador compulsivo y su paso de reticente eterno<em>.“El universo es, y quien quiera que se lo plantee, una infinita sucesión de acontecimientos de los cuales cada uno conforma nuestro pasado confirmado y nuestro incierto futuro. Simplemente hay que pensar en el semáforo descompuesto de Lambaré, el cual retrasa al conductor los segundos necesarios para que éste no falte a su cita obligada con el ciclista al que inexorablemente habrá de atropellar en Trinidad”.</em> Clap clap maestro te seguimos y abajo el capitalismo y viva el Che! y traeme una ñoño un brindis y a seguir la sarta de sandeces la noche toda hasta que el sol (que no necesita de semáforos ni de ciclistas) reaparece como con un yaeslahora de que se retiren a continuar con sus respectivas rutinas. <a id="more-39"></a></p>
<p>Él entendía perfectamente. Se sabía poseedor de una audiencia puntual y sumisa, sin la suficiente capacidad mental de contradecirlo ni la suficiente iniciativa de buscarse otro disertante. Ordóñez se la cree Ordóñez se amilana Ordóñez se achancha Ordóñez. Emprende el camino a casa sube al colectivo se sienta atrás compra chicle toca el timbre se baja. Nadie sale a recibirlo y él consuela a su soledad con el retórico “no encuentro quién me comprenda soy distinto”. Pero aún no hay nadie. Se acuesta en la cama prende la tele busca un canal que lo entretenga hasta ganar el sueño se duerme.</p>
<p>Ordóñez sueña. Sueña con animales que le hablan al oido despacito y con mujeres que lo asustan con su griterío. Se despierta abre la heladera pan con queso Coca-Cola a ver qué pasa. Suena el teléfono holalistonosvemoschau. Va al baño abre la ducha; se encuentra sin “Shampoo 2 en 1 Triple Acción” con la modelo en la etiqueta y maldice por la subliminalidad del marketing. Él no necesita shampoo marketing; es su mamá la que le dice que su cabello está cayendo y que las novias no gustan de los pelados sin plata ni de los pelados sin plata ni de los pelados.</p>
<p>Y Lucía espera nomás. Sentada en el café under pero fashion lee un libro raro pero de moda. Todos la conocen como la “ex del pibe Ordóñez” pero como la “es de Ordóñez” al mismo tiempo y el tiempo no es nada sin relojes. Él llega y se saludan como queniqué pero como nunca también. Qué decís? Sí&#8230; Schopenhauer es todo un símbolo de nuestro tiempo y Ortega pobrecito ya fue. El séquito hambriento de chamuyadas se va acercando y piden la primera de la primera docena de cervezas y divagan mientras el maestro escucha atentamente y mira las piernas de la nueva que se fija en la chaqueta y dice ésta es la clase de amigos de amantes que quiero tener cerca no sé ni para qué pero así está bien. Ordóñez asume pose crítica cruza las piernas enciende un cigarrillo y el silencio se apodera de la mesa.</p>
<p>“<em>La mujer está destinada a ser la raza dominante. Luego de una involución de miles de años, su evolución la lleva a sobresalir gracias al intelecto y las luchas sociales. Las mujeres y los negros son la futura raza dominante”.</em> Aplausos y cómo te quiero llevar a la cama que me domines con esas piernas y abajo el capitalismo y viva el Che! y que venga pues la segunda de la segunda docena de botellas que Ordóñez consume mientras Lucía comenta el libro que le fascinó pero no leyó ni pretende leer porque sabe que todos saben que tampoco.-</p>
<p> </p>
<p> Juan Carlos Cabezudo
</p>
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		<title>El Ratón Crema</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2005 14:17:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Porcomaster</dc:creator>
		
	<category>Literatura</category>
	<category>Cuentos</category>
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		<description><![CDATA[A Silvio Arrua
Prefieren estar de acuerdo con las opiniones de otras personas ya que consideran cualquier conflicto como algo desagradable y destructivo.
- ¡Basilio! ¡De a uno nomás, mi hijo!
Sin mirarla siquiera, el niño siguió llenando sus bolsillos hasta que su madre estuvo a dos metros de él; entonces le dio una estocada a la torta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>A Silvio Arrua</em></p>
<p>Prefieren estar de acuerdo con las opiniones de otras personas ya que consideran cualquier conflicto como algo desagradable y destructivo.</p>
<p><em>- ¡Basilio! ¡De a uno nomás, mi hijo!</em></p>
<p>Sin mirarla siquiera, el niño siguió llenando sus bolsillos hasta que su madre estuvo a dos metros de él; entonces le dio una estocada a la torta con el índice y corrió hacia el patio chupándose el dedo.<a id="more-40"></a></p>
<p>Escuchó el lejano plagueo de su madre. La vio saludar después a los dueños de casa y entregar el regalo a Jorgito.</p>
<p>Este cumpleaños era diez veces mejor que el suyo, que había pasado hacía tan solo tres semanas. No dejaba de preguntarse por qué Snoopy fue el motivo de su fiesta. Se sentía tonto y con mucha vergüenza al recordar lo feliz que estuvo en aquella ocasión, con un perro sobre la torta. ¿Por qué no fue Batman? Es más varonil. Además, él había cumplido ocho años, no siete como el bobo de Jorge que ni se merecía tener a Snoopy siquiera. Y la torta&#8230; la suya no era tan grande ni tan rica como esta de chocolate&#8230;</p>
<p>Estaba realmente molesto. Muy enojado con su mamá, con Jorge y consigo mismo. Llevaba puesta la “ropa para cumpleaños”: Camisa a cuadros, pantalón con tirantes, mocasines negros con media beige. Lo único que aportó al conjunto, elegido íntegramente por su madre, fue su gorra roja, la que usaba siempre con la visera atrás. Esta imposición en el vestir, no hacía más que exaltar su malestar. Recostado en la barda del patio, tomaba nota de todo: la cantidad abrumadora de chicos en la fiesta; la increíble decoración, con afiches del súper héroe por toda la casa; pero sobre todo, los globos. ¡Cómo envidiaba esas columnas y arcos de hermosos azul y negro flanqueando los lugares estratégicos de la fiesta!</p>
<p>Estaba sumido en esas observaciones, cuando una pelota lo golpeó con fuerza e hizo volar su gorra. Sintió la peor de las vergüenzas por las carcajadas que hincaban su orgullo y una rabia recorrió su cuerpo, haciéndole explotar el rojo en la cara. Se dio la vuelta. Creyó identificar al autor de la doble impertinencia (el pelotazo y las burlas). Con los ojos llenos de ira, se levantó el pantalón casi a la altura del pecho, dejando las piernas al descubierto, y sin vacilar se lanzó sobre él tumbándolo boca arriba de un empujón, se sentó encima y empezó a golpearlo con ambas manos. Al que se acercaba a auxiliar al chico, lo escupía y le prometía una paliza similar. Jorge empezó a gritar pidiendo ayuda para su pobre amigo que lloraba bajo la lluvia de puños en la que se encontraba. Un adulto se acercó y separó a los “pugilistas”;</p>
<p><em>- Ustedes son amigos, no se peleen por macanas. ¡Dale, dense la mano!</em></p>
<p>Ninguno de los dos cedía. Uno lloraba por el dolor de los golpes recibidos y por el de la impotencia; el otro, de rabia: consideraba que todavía no había terminado el pleito. Intervinieron las madres llevándose cada una a su muchacho.</p>
<p><em>-¡Portate bien, carajo! ¿Qué lo que te pasa a vos? ¿Para eso querías venir? ¡Mirá que te llevo a casa!</em></p>
<p>Tras las exigidas disculpas, volvió a la muralla. ¡Cómo odiaba ese cumpleaños!</p>
<p>“El Tren de Chocolate” del Topo Gigio tronaba en los bafles. Basilio sacudió su gorro, se lo colocó de nuevo, se recostó en la muralla y con el ceño fruncido asistió al aburrido mete-gol de sus “amigos”.<br />
<em>- Por lo meno en mi cumple jugábamo mejore juego. ¡Tampoco sonaba esa música de mierda! </em><br />
-¡¡¡Vamo a jugar tuca’é!!!<br />
Todos festejan la idea; Basilio la aborrece, del mismo modo en el que cada vez más aborrece a Jorge.<br />
Irritado, se come un caramelo y lo encuentra excelente.<br />
– <em>Caramelo de mierda&#8230;-</em> se le escapa. Como una iluminación, se le presenta una fabulosa idea y abandona el muro.</p>
<p><em>-¡Muy bien papi, así me gusta!-</em> exclama Irma complacida al ver cómo su hijo devuelve los caramelos a su lugar. El chico sonríe maliciosamente; minutos antes, en el baño, los chupó uno a uno antes de pasárselos entre las nalgas y regresarlos al envoltorio.</p>
<p>La tentación era grande, el castigo seguramente también lo sería. Finalmente no se resistió y, con un escarbadientes, reventó uno a uno los globos de la entrada. ¿Por qué no habrá traído su ondita para reventar también los que formaban el arco? Un fuerte tirón de orejas lo jaló adentro.</p>
<p><em>- ¡¿Qué lo que hacés pendejo de mierda?! ¡¡¡Te vas a quedar sentado a mi lado y no te vas a mover, carajo!!!</em><br />
Ya sentado, el revoltoso “pendejo”, soportó estoicamente la mirada burlona de los demás niños. Pronto se complació viendo cómo comían los caramelos.</p>
<p>Hora de la piñata.<br />
<em>–Andate. ¡Pero una pelea más, y nos vamos! ¿Entendiste?</em><br />
Primero la de las niñas<br />
<em>- ¿QUÉ? ¿Tiene do piñata?</em><br />
Cuando fue el turno de los varones, Basilio se bajó el pantalón a la cintura, deslizó los tirantes de su figura, metió la camisa dentro del pantalón, se desprendió los tres botones superiores y esperó arrodillado. Luego de la consabida explosión, fue metiendo dentro de la camisa todo lo que pudo agarrar. Cuando no quedó nada, empezó a atacar las manos de los otros niños. Luego acomodó el botín en sus bolsillos. Feliz con la presa, se dirigió al baño, donde se topó con un hombre:</p>
<p>-<em> ¡Me estoy maquillando, mi hijo!</em> – Tras un breve vistazo, el chico cerró la puerta con lentitud, mientras un fuego lo calcinaba por dentro; el payaso “de moda” estaba allí, en la fiesta de ese bobo. Esto ya era demasiado. Se aguantó las ganas de orinar y volvió a subirse el pantalón.</p>
<p>Al regresar al pasillo escuchó un clamor general;<br />
<em>- ¡¡¡Un hamster, un hamster!!!</em> - ¿Qué es eso? Corre a una mesa en la cual todos se empujaban para ver una pecera que trajo el padrino del agasajado. Repartiendo codazos y patadas, llega Basilio a primera fila. No daba crédito a lo que veía; jamás pensó que estas cosas se pudiesen regalar, tampoco sabía de la existencia de un animal tan gracioso. Maravillado contemplaba a una hermosa ratita beige que corría en una rueda. Era increíble, el regalo perfecto, justo el que a él le hubiese gustado recibir.<br />
Ante el asedio infantil, el padre decide llevar a la mascota a la habitación, seguido de Jorgito, que no cabía en sí de la emoción. Una vez allí, Jorge padre, encomienda al hijo lavarse las manos antes de retornar a la fiesta.<br />
La envidia de Basilio había llegado a su límite. Estaba furioso. Odiaba con todas sus fuerzas a ese bobo suertudo. Ese tonto no sabría cuidar al ratón, era chico y torpe. Sin dudas ese ratón estaría mejor con él, en su casa y en sus manos.<br />
Sigilosamente, como una cautelosa serpiente, Basilio entra a la pieza sin que nadie lo note. Ahí estaba aquel animal divino, comiendo una semilla de girasol, parado en sus patitas traseras, moviendo el hocico graciosamente. Es tan lindo, tan hermoso, es&#8230;</p>
<p>- ¡Es mío! – Le dijo alguien desde el baño de la habitación.<br />
- Sí, pero vo no me regalate nada en mi cumpleaño, así que ahora me va regalar este ratón crema.<br />
- No es ratón y no te voy a regalar nada. Además, yo no me fui a tu fiesta.<br />
- ¡Pero yo te invité!<br />
- ¿Y qué?<br />
En ese momento sintió que el odio le subía desde los pies hasta la cabeza. Una cólera que se estaba acumulando desde que vio aquellos globos al entrar a la casa del “bobo de Jorge”. Volvió a ponerse rojo como un tomate, ese fuego regresaba para incinerarlo; el corazón le reventaba en el pecho; infló los cachetes y respiró aceleradamente mientras sus ojos destilaban un arrebato incontenible. Sin embargo logró pronunciar con parsimonía:<br />
- Me debés mi regalo y yo quiero ese ratón.- La respuesta fue<br />
- ¡Te dije que no es un ratón nde bobo! ¡Y yo no te debo nada! ¡Le voy a contar&#8230;<br />
No pudo decir más. Basilio le tapó la boca con la zurda, asiendo la diestra con la suya en una llave, igual a como se la hacía habitualmente su hermano mayor por cualquier motivo. Antes de colocarse hábilmente detrás de él, le dio un rodillazo en el estómago y lo llevó al baño.</p>
<p>En el patio, todos corrían a ver el show tardío del afamado payaso,<br />
- Agenda llena - se había excusado. Todos reían de sus ocurrencias, Basilio, que miraba el espectáculo junto a su madre, disfrutaba más que ninguno.<br />
De súbito, tumbó de una zancadilla al primero que pasó cerca de él y le cayó a trompadas, rompiéndole la nariz del primer golpe.<br />
– ¡Pendejo de mierda! ¡Se acabó! – Con un par de bofetadas, Irma moderó al tremendo infante, pidió disculpas y se lo llevó de la oreja de vuelta a casa.<br />
En la fiesta de cumpleaños, el payaso gritaba<br />
-¡¿DÓNDE ESTÁ EL DEL CUMPLEAÑOS?! – El padre dedujo que se hallaba en el cuarto contemplando su precioso obsequio, así que fue por él.</p>
<p>Durante el trayecto, simulando un amargo llanto que disfrazaba una incontenible felicidad, Basilio ignoraba los escarnios maternos, mientras caminaba con las manos en los bolsillos, acariciando en uno los juguetes de la piñata y, en el otro, al hermoso ratón crema.<br />
Don Jorge, horrorizado, descubrió en el baño a su hijo, tirado en el piso, regado de orina, con la cara pálida, mojada e hinchada y los ojos y la boca desmesuradamente abiertos: Basilio lo había ahogado en el inodoro<br />
Asunción.<br />
22-07-2003 © Andrés Lobos
</p>
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