28/11/06
Alguna vez dijiste que nunca terminaría,
pero de hecho mentiste varias veces.
Tantas palabras al viento hoy vuelan
que el cielo es negro de letras y letras.
Alguna vez dijiste que el Sol nunca se apagaría
y de hecho hoy ya no quiere salir más,
refugiado de nuestra personal guerra
en lo profundo de la montaña escondido está.
Alguna vez escuché “eternamente”, o para siempre
cuando de hecho nada en el mundo es así.
Los animales lo saben, y no se hacen la cabeza porque
en el día a día no existen victorias ni derrotas.
Alguna vez escuché a la luna en un día de noviembre
cantar melodiosas canciones del fondo del alma,
para tí, para mi, eso no le importó jamás;
sólo le gustaba vernos juntos, pero ya no más.
27/11/06
En un segundo puede cambiar todo. En un segundo podes recibir una noticia inesperada que te cambie la vida; una aventura de aquellas contándote la (buena?) noticia de que vas a ser papá; la llamada de alguna voz que extrañabas hace una eternidad; la decisión repentina de renunciar a tu actual estabilidad económica; o simplemente, un fugaz estado de locura en el cual decidís dejarlo todo y empezar de cero. En un segundo. No se necesita más.
En un segundo puede pasar todo. El beso que robaste que siempre recordarás; el beso que no te atreviste a dar, que jamás olvidarás. La lágrima fugitiva recordando momentos pasados seguida de la risa desenfrenada por una anécdota olvidada. Tan importante cada segundo. Tan importante y único. Tan único y fugaz. Tan fugaz y eterno.
Pero la duración de cada eternidad varía de acuerdo a la persona. Hay segundos que duran décadas, segundos que nunca llegan, o que simplemente, dejamos escapar.
Cada uno de nosotros tiene el poder de decidir aprovechar cada segundo, o dejar que se escape en el viento. Lo difícil está en tomar esa decisión sin que el segundo pase de largo. Pensar rápido. O tal vez, no pensar. Solamente, dejarse guiar por los distintos milisegundos que invitan a aventurarse en cada segundo.
7/11/06
Publicado por
Occipeto Exopilo en
Cuentos
Hay unas lupas de temible poder. ¡Desdichado quien se precie de obstinado lector o incípeto detective! Confunden, dicen los que sobrevivieron para contarlo, que tiempos remotos hubo en los que como hoy, ciegos, constituimos la humanidad, equivocamos el camino y por sobre todas las cosas emulamos malamente una sombra de nosotros mismos. Nosotros no tememos. Insistir en esto no será, por lo mismo, y bajo ningún punto de vista, mal visto. Por el contrario, rogamos la repetición de dos padrenuestros y trece avemarías durante tres veces en el transcurso de un monstruoso y despingado error.
A veces, ganar una batalla posibilitará un descanso reponedor y multiplicador de unidades (militares), lo que devendrá en un positivísimo final de contienda. Desmantelada al ser descubierta una mesa, elegantemente disculpas pidió por la ubicación mediana del justo equilibrio. Los vencedores fuimos los mismos de siempre. …que estás en los cielos, no me desampares bendito vientre, por los siglos de los siglos, corré.
5/11/06
Lo que a mi te pasa con algunos seres es que sentimos, además de cosquillas en la panza, zapatazos en la cuchara, pataleos entre los dedos, lucha de personalidades, desquicios comunes y corrientes, desquicios completamente nuevos, ajenos, ermitaños.
Sienta como los brazos tratan de salírsenos de los hombros, de los codos. Pretendo, simula, corroe, nos observo, arguya, incisivo argüimos, tremebundo y marabunta corriendo, valerosía corrosiva… pero espero puré… puro fracaso como enfrascar los triunfos olvidar Olivares, olvidar porque para que mientras menos se sea, seseará igual…
3/11/06
Por Josefina Bittar
Fue puntual. Llegó antes que todos los miembros, a excepción del presidente, quien ya estaba ahí, esperando que llegase su invitada. Se encontraron en el portón de la entrada de la institución. Ella bajó de un auto que no manejaba y él se le acercó para tomarla gentilmente del brazo. Cuando entraron a la pequeña aula, la vaciedad y la precariedad del lugar sorprendieron a la señora, quien tomó asiento en una silla luego de examinarla disimulada pero rigurosamente con la vista. El presidente se sentó junto a ella e iniciaron una charla: “Gracias, señora Gutiérrez por estar acá… Es un placer… Es muy importante para nosotros, no se imagina… A mí me encanta que haya grupos como éstos, mire que hacen falta…”. La señora Gutiérrez sonreía con los ojos, parecía haber borrado la primera impresión que se había llevado del grupo, estaba ante una persona que le agradaba y eso, más que el sentir que estaba realizando una obra de caridad, hacía que el lugar donde se encontraba dejara de ser lúgubre. Roberto, el presidente, miraba su reloj de tanto en tanto e intentaba mantener quietos los pies mientras hablaba. “Sí, hay muchos talentos aquí… No me diga, que contenta me pone saber que…”
Los miembros fueron llegando de a poco. (Paulina, Silvia). “Buenas tardes, cómo le va señora… Pero muy bien… Adelante (Diego, Julieta), adelante”. Cuando la charla entre la señora Gutiérrez y Roberto comenzó a tener público, ésta se convirtió en un soliloquio, que era escuchado con atención por todos, pues se trataba de una vida que no carecía de eventos interesantes. “La literatura llegó a mí por accidente, la verdad es que siempre me había gustado escribir, pero nunca se me ocurrió publicar nada. Mi terapeuta me dijo que era bueno que tuviera una forma de descargarme y… bueno… un día me di cuenta de que tenía una pila gigante de hojas con cosas (Víctor, Miguel) que yo había escrito. Las ordené y se las di a un editor amigo, quien dijo que era absolutamente necesario que mis escritos salieran a la luz… Y así fue como…” (más…)